La Genealogía de Jesús

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04, December, 2020Posted by :KP

Un blog sobre una genealogía?  ¿Estás en serio?  Aunque la genealogía de Jesús en Mateo 1:1-17 no parece ser un texto muy relevante, es sumamente importante y tiene unas verdades animadoras. Detrás de esta lista de nombres encontramos a un Dios que reina sobre la historia y que está llevando todas las cosas hacia un cumplimiento de sus propósitos para la humanidad.  Es por eso que es muy provechoso reflexionar sobre este texto.

Hay dos características de las genealogías antiguas que debemos tomar en cuenta.

1.  Las genealogías eran muy selectivas

Las genealogías antiguas se caracterizaban por su flexibilidad.  Lo importante era demostrar descendencia de un individuo importante como Leví o David o cierto dueño de propiedad. Por ende, no se veía la necesidad de incluir cada eslabón de la cadena, solo aquellos que eran clave para mostrar la relación con esa persona importante. Al mismo tiempo, debido a que las genealogías se transmitían oralmente en muchos casos, ciertos nombres se omitían para ayudar a la memoria.  Por ende, las genealogías antiguas eran más selectivas. Ellas frecuentemente omitían ciertas personas que no eran importantes para el propósito de la genealogía.  

Esto es exactamente lo que encontramos en la genealogía de Jesús en Mateo 1.  Es un relato selectivo de las generaciones de Jesús. Por ejemplo, en Mateo 1:8 dice, “Joram engendró a Uzías.”  Pero según 1 Crónicas 3:11-12, Joram era padre de Ocozías, quien era padre de Joás, 12quien era padre de Amasías, quien era padre de Azarías (o Uzías, él tenía los dos nombres). En otras palabras, Mateo ha omitido tres generaciones entre Joram y Uzías.  Además, notarás que en Mateo 1:11 dice que Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos.  No obstante, 1 Crónicas 3:15-16 dice que Josías era en verdad el abuelo de Jeconías.  Mateo ha omitido a Joacim, toda una generación.  En total Mateo ha omitido alrededor de cuatro generaciones.  ¿Cómo podemos explicar este problema?

Hay por lo menos dos respuestas claras.  Primero, como hemos visto, las genealogías antiguas eran selectivas.  El autor incluía solamente las personas que eran importantes para su propósito. Si una persona no era necesaria entonces el autor la omitía.  Segundo, la palabra que se traduce “engendró” en griego es γεννάω. Esta palabra era muy flexible, una palabra que se usaba no solamente para una relación inmediata, sino también para referirse a relaciones más distantes.  En muchos contextos simplemente significaba “es un descendiente de fulano,” sin especificar si era hijo o nieto u otra relación.  Entonces, cuando Mateo usa la palabra γεννάω él podría tener en mente un hijo o hasta un descendiente más lejano como un nieto o bisnieto, y los lectores originales entenderían eso.  Por lo tanto, Mateo puede seleccionar las generaciones que él quería incluir y excluir a las que realmente no avanzaban su propósito para la genealogía.  Todo esto porque las genealogías eran selectivas.

2.  La genealogía tiene un propósito claro

Las genealogías fueron muy significativas en el mundo antiguo, especialmente para el pueblo hebreo, y especialmente después del exilio en Babilonia. Las genealogías antiguas tenían propósitos muy específicos.  No se mantenían simplemente por curiosidad, sino que tenían propósitos legales, sociales, económicos o religiosos. Esta genealogía es un ejemplo claro de esto. Mateo la incluye en su narrativa para mostrar que el hombre Jesús es un descendiente del rey David y, por lo tanto, está verdaderamente calificado para ser el Mesías. Al mismo tiempo, esta genealogía sirve como una cadena que une a Jesucristo y su Iglesia con las promesas de Dios en el Antiguo Testamento.

La genealogía demuestra que Jesús no es un tal por cual que surgió de la nada. Él es tanto el cumplimiento de todo lo que el pueblo de Dios en el AT había esperado como la esperanza de los gentiles. Por tanto, la genealogía demuestra que Jesús es tanto el hijo de David como el hijo de Abram, formando un enlace tanto con los judíos como con los gentiles.

El versículo 17 revela este propósito, De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce. Mateo ha organizado su genealogía en tres bloques de catorce.  Vemos entonces el por qué él omitió las cuatro generaciones, para poder mantener los tres grupos equilibrados de catorce.  Él no estaba tan interesado en dar una lista completa y cronológica de una familia, él tenía un propósito más allá, un propósito teológico. Y los lectores originales iban a darse cuenta rápidamente de esto, tanto por las omisiones como por los tres grupos de catorce.

Pero ¿por qué Mateo organiza esta genealogía en tres grupos de catorce?  Para resaltar tres momentos claves de la historia. Primero, el tiempo de David, el rey porque él representa esa gran promesa del mesías que iba a llegar en el futuro. Segundo, el exilio, la pérdida del reino y la tragedia de la esclavitud a las naciones paganas por su pecado.  Y finalmente la llegada de Cristo, él que es el gran hijo de David y él que rescata a su pueblo de esa esclavitud. 

El eje de esta genealogía es el nombre de David porque apunta el cumplimiento de la promesa de Dios, apunta al hijo de David, a Cristo Jesús el Salvador del mundo que vino y proveyó la redención de todo tipo de exilio. Es posible también, aunque no es cierto, que el uso de 14-14-14 sea un ejemplo de una técnica literaria antigua que se llamaba gematría donde las palabras tenían un valor numérico.  El valor del nombre David suma a catorce (4(d)+6(w)+4(d)).  Esta genealogía tenía un propósito claro, enfocar en el hecho de que Jesús era verdaderamente un descendiente del rey David y, por ende, es en verdad el mesías.

Cuatro verdades que esta genealogía revela

Habiendo entendido estas observaciones podemos ver cuatro verdades que esta genealogía revela.

1.  Dios es fiel a sus promesas

Mateo muestra la fidelidad de Dios a través de tres títulos que describen a Jesús.  Mateo 1:1 empieza, “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham.

El primer título es “Cristo”. Es importante notar que su nombre es Jesús y Cristo es un título para describir su rol en el plan de Dios.  No es su apellido.  Como aclara Mateo 1:16, nació Jesús, llamado el Cristo. Jesús es el Cristo.  Es decir, es el mesías.  La palabra “mesías” es el equivalente en hebreo del griego “cristos” y es un título real para referirse al “ungido de Dios”. En el AT este término se refería principalmente a los sacerdotes y luego al rey, pero con el paso de tiempo llegó a referirse al siervo ungido que iba a venir en el poder de Dios para rescatar a su pueblo de todos sus enemigos.  Como sabemos, los judíos del primer siglo vivían en esclavitud bajo el imperio romano.  Como consecuencia creció un anhelo profundo entre los judíos, una expectativa fuerte que Dios iba a enviar pronto al mesías que ellos tanto esperaban (Mat. 16:16; Marcos 14:61; Lucas 4:41; Juan 4:25).  Lo que esta genealogía demuestra claramente es que ese Jesús, hijo de un carpintero, es nada menos que el mesías de Dios, el cumplimiento de la promesa tanta esperada por Israel.

El segundo título es “hijo de David.” La esperanza que Israel tenía descansaba sobre la promesa que Dios hizo a David en 2 Samuel 7:16, será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.  Dios prometió que uno de los descendientes de David iba a gobernarlos para siempre.  Durante toda su historia esa promesa les sostenía y les daba una gran esperanza porque David era un gran y exitoso rey que trajo paz y prosperidad al pueblo.  Pero con la muerte de Salomón, el hijo de David, el reino se dividió en dos y lo que seguía era cuatrocientos años de frustración y problemas culminando en la destrucción de Jerusalén y el exilio en babilonia.  Desde entonces Israel era un pueblo quebrantado y esparcido sin su propio rey, viviendo bajo gobiernos paganos. No obstante, quedaba la promesa, aunque distante, que Dios iba a enviar un hijo de David para gobernar con justicia y traer una vez más la prosperidad y paz a su pueblo. Se capta esa esperanza en Isaías 9:6-7, Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. 7Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. 

Pero con tanta demora y con las luchas que el pueblo de Dios experimentaba seguramente muchos empezaron a preguntarse si Dios había abandonado esa promesa.  No obstante, aquí está Mateo afirmando en esta genealogía que Jesús, no solamente es el Cristo, sino también es el hijo de David.  Es decir, es el rey prometido que iba a reinar sobre el trono de David para siempre. ¡Dios ha mostrado su fidelidad, ha cumplido su promesa!  Jesus es la respuesta porque es el hijo de David.

El tercer título es “hijo de Abram.”  Los lectores inmediatamente recordarían esa gran promesa que Dios hizo a Abram en Génesis 12:2-3, haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”  Mil años antes Dios había prometido a Abram que él iba a ser sumamente bendecido y el canal de bendición para todas las naciones de la tierra.  No obstante, Israel en el primer siglo se encontraba sin señales claros de la bendición de Dios y lejos de ser una bendición para los demás pueblos.  Parecía que la promesa era al revés, que Dios estaba bendiciendo a las naciones y no a Israel.  No obstante, una vez más Mateo en su genealogía dice que ese Jesús es el “hijo de Abram.”  Él es descendiente de él que iba a ser un canal de bendición para todos los pueblos.  Y cuando el evangelio de Mateo termina, vemos a Jesús enviando a sus discípulos a llevar el mensaje de salvación a todas las naciones.  Una vez más Dios ha cumplido su promesa.

Dios es sumamente fiel. Él prometió un mesías, prometió que un hijo de David iba a reinar eternamente, y prometió que la simiente de Abram iba a ser el instrumento de bendición para todas las naciones de la tierra.  Jesús es todo esto: el Cristo, el hijo de David, y el hijo de Abram.  En Jesús todas las promesas de Dios son cumplidas.  La genealogía demuestra esto. 

2.  La misericordia y gracia de Dios son incalculables

Por lo general, en las genealogías antiguas, los nombres de mujeres aparecían solo si aumentaban la dignidad o comunicaban la pureza de la genealogía. No obstante, en esta genealogía Mateo incluye los nombres de cuatro mujeres en los versículos 2-6.  Ninguna de estas mujeres mencionadas aumentaba la dignidad o demuestra la pureza de esta línea genealógica.  De hecho, todo lo opuesto.  Primero en verso 3 es Tamar.  Ella era una cananea que se vistió de prostituta para convencer a su suegro a tener relaciones sexuales con ella.  No parece un ejemplo de pureza.  Segundo, en verso 5 es Rahab, la famosa prostituta de Jericó que escondió a los espías.  Tampoco un modelo de pureza.  Tercero, es Rut, una Moabita.  Los Moabitas vienen de la unión incestuosa de Lot y su hija.  Luego en Deuteronomio 23:3 leemos, No entrará amonita ni moabita en la congregación de Jehová, ni hasta la décima generación de ellos; no entrarán en la congregación de Jehová para siempre.” Era un pueblo maldecido por Dios.  Cuarto, es la esposa de Urías, Betsabé.  Ella era una hitita que cometió adulterio con el rey David y luego llegó a ser una de sus esposas. 

Qué tal lista, ¿no? Estas mujeres tienen dos cosas en común.  En primer lugar, las cuatro eran extranjeras.  No eran judías.  Segundo, cada una de ellas de alguna manera estaba involucrada o implicada en inmoralidad sexual.  ¿Por qué Mateo las incluye en esta genealogía?  No tenía que hacerlo.  Fácilmente podía haber incluido a otras mujeres con reputaciones más nobles o excluir por completo la mención de cualquier mujer.  No obstante, Mateo toma la decisión de agregar los nombres de cuatro mujeres extranjeras y cuestionadas para describir la genealogía del intachable Salvador y Señor de todo.  ¿Por qué?

Lo hizo para magnificar la incalculable misericordia y gracia de Dios que alcanza hasta las personas menos dignas y lo hace a través de Jesús el ápex del amor de Dios.  Como escribió un autor,

“En su genealogía, Mateo nos está enseñando que Jesús vino no solo por los pecadores, sino a través de ellos. Dios no comenzó a agacharse en nuestra sórdida historia humana solo en Navidad; se inclinó durante todo el camino del Antiguo Testamento.”[1] 

En otras palabras, esta genealogía es una proclamación poderosa del evangelio.  A lo largo de la historia Dios ha estado demostrando su perdón y su misericordia a hombres y mujeres manchados por el pecado.  Él no nos bendice por algún mérito en nosotros, sino a pesar de no tener méritos en nosotros.  Él bendice a los que están lejos, los marginados y los excluidos, los rechazados y los olvidados.  Él ofrece su vida a los de mala reputación y los de mal vivir.  El mensaje de esta genealogía es que Dios puede vencer y perdonar cualquier pecado. No importa quien sea la persona, no importa lo que haya hecho, la misericordia y la gracia de Dios son sin límite y pueden alcanzar a los pecadores más viles y más perdidas.

Pero hay algo más.  Esta genealogía demuestra también que Dios extiende su gracia a todas las naciones.  Mateo menciona por lo menos cinco extranjeros.  Por lo general en las genealogías judías se preocupaban mucho por mantener la pureza de la línea familiar y la separación de los gentiles impuros, pero esta genealogía no.  Esto nos enseña, como dijo un autor, “Jesucristo no solo dio Su sangre por el mundo, también obtuvo Su sangre del mundo.”[2] Nuestro Salvador tenía una línea de sangre mixta. Desde un punto de vista humano, su pedigrí era impuro.  Pero, desde la perspectiva de Dios demuestra su amor y preocupación por la gente de toda raza, pueblo, y lengua.  La gran comisión es parte de la misma sangre de Cristo. 

3.  Dios utiliza instrumentos improbables para realizar sus propósitos

¿Quién escogerías si estuvieras planificando una línea de sangre para el mesías?  ¿No escogerías la gente más guapa, elocuente, fuerte e inteligente?  ¿No escogerías los más fieles, justos y puros?  Pero mira este grupo que Dios escoge para la línea de sangre de su hijo.  Hay prostitutas e idolatras, mentirosos y asesinos, extranjeros e hipócritas.  No es el grupo más esperado, o más confiable, no representa un pedigrí muy intachable.  Parece más candidatos para una pandilla que para el perfil del mesías.  No obstante, son los que Dios mismo escogió para la línea terrenal de su amado hijo, Jesús el Cristo.

Pensemos en Abram, el idolatra que Dios convirtió en un hombre de fe.  O Jacob, el engañador que Dios convirtió en un príncipe.  Qué de Judá que planificó la venta de su hermano José como esclavo, pero termina en la línea genealógica de Jesús mientras José el hombre obediente no.  Y toda la lista de reyes malos que aparecen en la genealogía, culminando con Manasés que llenó toda Jerusalén con la sangre de gente inocente.   Él aparece también.  Estas son las personas que Dios escogió como representantes de la familia del mesías.

Es claro, Dios utiliza gente improbable para realizar sus propósitos. No depende de nuestras capacidades naturales o de nuestro pedigrí.  Dios no es limitado por nuestras debilidades, fallas, o pasados.  Dios usa gente común y corriente, gente pecadora y perdida.  Puede ser que hayas fracasado o que te sientes inútil.  Solo tienes que mirar a esta genealogía y te puedes dar cuenta que Dios nos usa para su gloria no como consecuencia de lo que traemos a la mesa sino a pesar de lo que seamos o lo que hayamos hecho.  Dios utiliza la gente más improbable.

4.  La Providencia de Dios garantiza que nada puede frustrar su plan

Al examinar el curso de la historia judía, hubo una multitud de ocasiones en las que pareció que el plan de Dios no funcionaría, que su pueblo fracasaría y la causa se perdería. Pero a pesar de la intrusión del mal y los errores de la humanidad, a pesar de los fracasos y las debilidades de su pueblo, la providencia de Dios asegura que su plan nunca será frustrado.

Recuerda como el hijo prometido, Isaac, casi se muere y con él la promesa.  Recuerda la esclavitud en Egipto, el pecado de David, la división del Reino y la aniquilación de los descendientes del Rey a manos de la malvada Atalía. Recuerda el exilio babilónico y el deseo de José de divorciarse de María. Todos obstáculos para el cumplimiento del plan de Dios. Pero a pesar de todas las barreras y luchas, nació el Mesías en el momento indicado y se cumplió el plan de Dios. La invencible Providencia de Dios asegura que Dios finalmente gane y que nada ni nadie pueda obstaculizar sus propósitos. La genealogía de Cristo es una prueba poderosa de que la voluntad de Dios se hará tanto en la tierra como en el cielo. Tú puedes estar totalmente seguro de que esto es cierto porque el Dios soberano lo asegura. Y esta genealogía es prueba de ello.


[1] Dale Bruner, The Christbook, p. 6.

[2] Ray Bakke